miércoles, 25 de septiembre de 2019

“Quién evita de la flor la marchitez”







A una campesina, cuando era niño, mi madre visitaba;
qué alta, qué morena, qué dulce en el trato era,
cuando labraba la dura tierra, ella cantaba,
volver por un momento a ese tiempo, yo quisiera.

Me enseñaba lo dulce que era el tallo del maíz,
cómo escondidos en los matorrales, los cherches anidaban,
cómo el castaño perro, estaba siempre feliz;
qué serenos mis días, en el campo pasaban.

Más quién el incansable tiempo detiene,
quién evita de la flor la marchitez,
quién evita que el corazón, penas almacene,
quién evita las largas arrugas, en la tez.

Debemos como las abejas guardar la dulce miel,
para los últimos días que a todos llegan,
recordar lo bello del pasado aquel,
y así, esos recuerdos los espíritus sosiegan.

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